El pecado y sus consecuencias
Gálatas 5:16-21
Entre los Bautistas, existe una doctrina que es la siguiente:
Doctrina X.- LA PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS. Todos los verdaderos creyentes perseverarán hasta el fin. Aquellos a quienes el Señor ha aceptado en Cristo Jesús y ha santificado por su Espíritu Santo, jamás caerán del estado de gracia, sino que perseverarán hasta el fin. Los creyentes pueden caer en pecado por negligencia y tentación, por lo cual contristan al Espíritu Santo, menoscaban sus virtudes y su bienestar espiritual, hacen que haya reproches para la causa de Cristo y juicios temporalmente adversos a ellos; sin embargo, ellos serán guardados por el poder de Dios, mediante la fe que produce la salvación.
¿Cuáles son esos pecados?
Leer Gálatas 5:16 – 21
Las Consecuencias Del Pecado
Algunas de las cosas que acabamos de leer, tal vez nos recuerden que hemos pecado o aún estamos pecando al algo. Veamos que ocurre cuando pecamos:
1. El pecado nos separa de Dios.
El separar al hombre de Dios es la esencia del pecado. Esto es lo más serio acerca del pecado. De nuestro Dios “de quien fluyen todas las bendiciones”. Espiritualmente hablando, la maldición de nuestra época es que se ha perdido la conciencia de Dios. Más que eso, la mente carnal rechaza a Dios. Le es imposible sujetarse a la ley de Dios. Esto es lo que necesitamos: nuevas personas espiritualmente creadas en Cristo.
2. El pecado contra Dios acarrea también ceguera moral y espiritual, impotencia y degradación.
Dios es la fuente de toda vida y de toda luz. Cuando el hombre por su rebelión se aleja de Dios, se hunde en una ceguera y en una obscuridad moral y en degradación.
Pablo llama la atención a esto en Romanos 1:18. A pesar de que Dios se reveló a los hombres a través de la creación visible, el hombre rehusó adorarlo y servirlo.
Como un resultado de eso, Dios los entregó a una degradación religiosa y moral. Eso es lo que son la ceguera moral y la degradación. En este pasaje (Romanos 1:18-32) vemos que, para el hombre, de esa manera el pecado viene a ser su propio castigo. Sin la liberación del pecado mismo, el hombre no puede escapar al castigo.
Una lección que necesitamos aprender en nuestro tiempo, es que la inmoralidad es el resultado de la falta de relación con Dios. Muchos hombres en este tiempo están probando construir un sistema moral pero dejando a Dios fuera. Semejante torre de Babel se derrumbará sobre sus mismos edificadores y los aplastará.
3. El pecado es también la raíz y la causa del desorden y del desquiciamiento social.
Esto se deduce de lo que se lleva dicho acerca de la ceguera y de la degradación moral.
Estar en desacuerdo con Dios conduce a estar en desacuerdo con el prójimo. El alejamiento de Dios produce odios y resentimientos entre los hombres. Pablo dice que el evangelio de Cristo, que trae la paz del hombre con Dios, quita también la enemistad que hay entre los hombres y de esa manera trae la paz entre judíos y gentiles (Efe. 2:11). Es decir, el pecado es la fuente del alejamiento y de los odios entre los hombres.
4. El pecado produce sufrimiento.
Es bien sabido que mucho del sufrimiento humano se debe directamente al pecado del hombre. El hombre que peca sufre por su pecado y también hace que otros sufran por lo mismo. Si se pudiera extraer todo el sufrimiento de la humanidad que se ha originado por su propia perversidad, no hay duda que la historia del mundo sería muy diferente.
¿Pero qué diremos en cuanto a los sufrimientos originados por los desórdenes de la naturaleza misma, los ciclones, las inundaciones, los terremotos, las erupciones volcánicas y las demás catástrofes parecidas?
En el Génesis y en otros lugares hay muestras de que existe una relación entre el mal y el pecado del hombre. Según el Génesis, el trabajo del hombre sería cuidar del jardín aun antes de la caída.
Pero el hecho de que el hombre tiene que ganarse el pan con el sudor de su frente es una indicación de que el elemento de la dureza y del cansancio en el trabajo vino a consecuencia del pecado (Génesis 3:19).
También se nos dice que la tierra produciría espinas y cardos (Génesis 3:18). Esto puede entenderse como una declaración particular que indica que en nuestra vida íbamos a encontrar tentaciones a los pecados.
Pudiera suceder que el trastorno del orden físico universal tuviera la intención de ser un reflejo del universo moral. Entonces, hasta cierto punto al menos, el mal o el sufrimiento natural puede tomarse como la pena del pecado, o como un castigo por el pecado.
Pero ese sufrimiento es un medio para el desarrollo del carácter cristiano; es decir, cumple un propósito redentor.
Hay un aspecto penal en el sufrimiento y en el mal natural; pero también hay un aspecto redentor. Para el hombre que rechaza la gracia, el sufrimiento es primeramente penal; para el hombre redimido, es principalmente un remedio y una disciplina. Para la sociedad en general, en la proporción en que el pecado reine, el sufrimiento es penal; pero según reine la gracia, es redentor. Es cosa bien sabida que el género humano ha alcanzado gran parte de su desarrollo mental, social y moral por el hecho de vencer al mal natural.
5. El pecado engendra muerte.
En algunos lugares de la Biblia la penalidad del pecado se resume en la palabra muerte. Dios le dijo a Adán: “El día que de él comieres, morirás” (Génesis 2:17). Pablo dijo: “La paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23).
Hablando de una vida injusta, él dice: “El fin de estas cosas es muerte” (Romanos 6:21). Nuevamente él nos dice que la intención de la carne es muerte (Romanos 8: 6).
Surge el punto de si esto incluye a la muerte física, o si la pena de que aquí se habla se refiere a la muerte espiritual.
Hay lugares en la Biblia en los cuales muerte significa claramente muerte espiritual; por ejemplo, cuando Jesús dijo: “Y el que vive y cree en mí no morirá eternamente” (Juan 11:26). De cierto que lo que él quiere decir en este versículo no es que el que cree en él no morirá físicamente. Pero ordinariamente el término muerte incluye la muerte física. Cuando las Escrituras hablan de la muerte como la pena por el pecado, no se refieren a la muerte física o a la muerte espiritual en el sentido en que la una excluya a la otra, sino que ellas dan a entender la muerte como una totalidad, esto es, física y espiritualmente.
El que nosotros entendamos que la pena del pecado es una muerte espiritual y secundariamente una muerte física, nos ayudará a entender otra fase del asunto. Esto está en armonía con el hecho de que en la salvación nosotros somos primero y principalmente salvados de la muerte espiritual por medio de la restauración y de la santificación.
La pena final y completa del pecado es la muerte eterna, lo que el Apocalipsis llama la muerte segunda (Apocalipsis 2:11; 20: 6, 1 4; 21: 8). Esta muerte consiste en la eterna separación de Dios del alma y del cuerpo.
Entonces, ¿Qué hacer?
Recordar y pedir perdón
1. Cristo vivió para recordarnos que somos pecadores y mostrarnos como debíamos vivir en plena comunión con Dios.
2. Sin tener pecado alguno, Cristo murió por nuestros pecados, para nuestra salvación. Él es nuestro Salvador.
3. Después, resucitó y con eso nos demostró que la muerte del cuerpo no es el final. Hay una vida eterna.
4. Cristo vivo garantiza nuestro acceso permanente ante Dios.
Este propósito de Dios de salvar encuentra su revelación y los medios de su realización en Jesucristo. Cristo es Salvador. “Y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). “El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10). “Palabra fiel y digna de ser recibida de todos; que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1Ti. 1:15).
domingo, 19 de septiembre de 2010
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